Las personas no son ni buenas ni malas.
Cambian, eso es todo.
O mejor dicho, se transforman.
Y lo que importa es comprender en qué se transforman.
Son como pequeños demonios.
De pronto, se vuelven más pesadas, más livianas,
más sombrías, más lentas, más nerviosas, más dulces,
más duras o más humanas.
Estas fueron las frases finales de una película que vi el otro día. Frases que, creo, definitivamente tengo que meditar.
Me he quejado mucho de las injusticias de las que somos capaces los seres humanos. De cómo hay personas que viven dentro de una pequeña burbuja, sin ver lo que sucede más allá. De cómo los intereses propios nos hacen atentar contra nuestra propia especie o peor aún, contra las que no tendrían nada que ver en nuestros asuntos. De cómo buscando el bienestar podemos pisotear a quien sea. El ser humano es una especie canibal, capaz de asesinar, de ultrajar, de silenciar. No importa que después no se saboree al vecino, para el caso es lo mismo.
¿Pero somos así porque somos malos, o es nuestra naturaleza? ¿Es la naturaleza de nuestra sociedad? ¿Es lo que nos enseñan? ¿Qué es el mal? ¿Qué es el bien, cuando para llegar a él, se hace mal?
Si alguien ya no es "bueno", al dejar de serlo tal vez no sea para volverse definitivamente "malo". Sólo cambió, o se tranformó, pero si entendemos cómo o porqué lo hizo, ¿Podríamos lograr, quizás, que convulsione de nuevo y deje de hacer lo que nos causa mal, siempre y cuando, nosotros mismos, no le causemos daño?
Somos seres confusos. Más de lo que parecemos.


1 Comentarios (lo crea o no):
Efectivamente y la diferencia entre unos y otros es que tan consientes somos de cada uno de sus actos y que tan responsables somos para afrontar las consecuencias. A mi manera de ver las cosas ese el aspecto más importante de un ser humano.
Publicar un comentario